5 maneras en las que la educación puede dar forma a sociedades más inclusivas

“No dejar a nadie atrás”: igualdad e inclusividad en el centro de los ODS. Un reciente informe de Oxfam examina el papel que juega la educación en la lucha contra la desigualdad económica, social y de género. Con la inminencia de la Cumbre ODS, observamos también las estrechas relaciones entre ODS4, ODS5 (género) y ODS10 (igualdad) y el modo en que la educación puede ayudar a alcanzar estos objetivos.

 1. Reducir la brecha de género: más oportunidades para las mujeres

En la mayoría de regiones del mundo, las mujeres y las niñas tienen bastantes menos oportunidades para disfrutar plenamente de sus derechos humanos fundamentales, escapar de la pobreza y toda forma de exclusión. Aunque las desigualdades de género pueden observarse en cualquier parte, son más obvias en regiones como el norte de África y Asia occidental (UNESCO, 2016).

La educación es clave para abordar la discriminación contra mujeres y niñas, ya que garantiza el empoderamiento, se enfrenta al patriarcado y supera las barreras estructurales que evitan una plena participación de las mujeres en la sociedad. La educación puede, de hecho, ayudar a combatir disparidades de género en salarios, pobreza, autonomía reproductiva y poder político.

Los estudios muestran que los sueldos de las mujeres educadas son más parejos a los de los hombres. En Pakistán, las mujeres que sólo tienen la educación primaria ganan alrededor del 50% del sueldo de los hombres. Las mujeres con educación secundaria ganan el 70% del sueldo de los hombres; inaceptable también, pero la brecha es mucho menor.

La educación también otorga a las mujeres poder para vivir sus propias vidas, especialmente en relación a cuándo se casan y cuántos hijos tienen. Cuanto más educadas están las madres, más saludables están ellas y sus hijos. La UNESCO estima que, si todas las mujeres hubieran completado la educación primaria, habría una reducción del 66% en fallecimientos maternales en todo el mundo, y una reducción del 15% en muertes infantiles.

Si todas las niñas del África subsahariana y el sur y el oeste de Asia completaran la educación secundaria, habría una reducción del 64% en matrimonios infantiles.

 2. Crear una mejor comprensión entre géneros

La educación es una herramienta fundamental para combatir el patriarcado y generar el cambio cultural necesario para garantizar la igualdad entre individuos. Los problemas de género también implican a los hombres, que pueden beneficiarse de roles menos rígidos y relaciones más igualitarias, de modo que cuando el género se integre en el diseño de programación y planes de estudio, los problemas de los hombres también deben incluirse explícitamente. Esto es fundamental para realizar el cambio cultural que los derechos humanos necesitan de nuestras sociedades. El objetivo de la educación también es desarrollar un papel transformador para los hombres.

Del mismo modo, la educación de hombres y mujeres es fundamental para invertir las prácticas violentas referenciadas explícitamente en los objetivos del Objetivo 5, incluyendo el tráfico, el matrimonio prematuro forzado y la mutilación genital femenina.

El modo en que los niños aprenden sobre diversidad en la escuela, especialmente sobre asuntos relacionados con el sexo y la sexualidad, es clave para crear una cultura de comprensión, que incluya el derecho de las personas a expresar libremente su identidad de género y orientación sexual. Lamentablemente, aunque hay partes de la sociedad que creen en respetar y promover los derechos de las personas cuya identidad y orientación no conforman las expectativas tradicionales, otras perciben la educación sexual como un riesgo para los niños o como adoctrinamiento.

 3. Aumentar la inclusión

El valor central de la educación es garantizar que los estudiantes tienen la oportunidad de adquirir el conocimiento y las habilidades necesarias para fomentar la cohesión, diversidad e igualdad social.

Una educación basada en derechos es el máximo igualador y un recurso clave de empoderamiento social, económico y político. A corto plazo, permite a los sistemas educativos públicos ofrecer un servicio de calidad en el que todo el mundo tenga cabida, independientemente de edad, sexo, discapacidad, raza, etnia, origen, religión o estatus económico o de otro tipo. A largo plazo, la educación puede construir sociedades basadas en la solidaridad que son sensibles y respetuosas con la diversidad.

Las desigualdades y la exclusión comienzan temprano en la vida y por lo tanto es necesario abordarlas en las primeras etapas de la educación. Debemos comenzar a abordar las desigualdades en el propio sistema educativo que, por su parte, debe permitirnos avanzar hacia una sociedad más igualitaria en el que cada identidad sea tenida en cuenta y valorada. Si un sistema hace a alguien sentirse inferior protegiendo los privilegios o bloqueando el acceso al conocimiento, esa persona se situará en un camino que conducirá a la exclusión social.

 4. Deconstruir un sistema que produce desigualdades

La educación tiene un papel clave que jugar en la deconstrucción del sistema que reproduce desigualdades. Es evidente que, aunque muchas instituciones educativas están ampliando sus cláusulas de accesibilidad y destacando los valores contra la discriminación, como parte de sus valores centrales, el propio sistema sigue sin estar diseñado para reflejar la diversidad dentro de la sociedad en general. Se requieren más acciones para abordar el hecho de que muchos sistemas y procesos educativos siguen diseñados para dar una ventaja injusta a los estudiantes que entran dentro de ciertos perfiles.

Las escuelas pueden ser lugares en los que los niños de familias ricas y pobres pueden hacerse amigos y en las que se rompen las barreras de la desigualdad. La educación puede desafiar las reglas que perpetúan la desigualdad económica en la sociedad, y dar a los jóvenes las herramientas para salir al mundo y construir sociedades más igualitarias.

Una meta fundamental es garantizar que la escuela anima a una participación igualitaria de las personas a través de métodos educativos igualitarios. Esto requiere de una nueva perspectiva sobre la forma en la que percibimos la educación: la educación inclusiva debe adoptar un método inter-seccional que busque transformar la dinámica de nuestros actuales sistemas educativos para responder a la diversidad de los estudiantes. Esto implica mejorar holísticamente la calidad de la educación a todos los niveles mejorando la formación de los profesores, promoviendo metodologías centradas en el aprendizaje, desarrollando materiales adecuados de aprendizaje, y garantizando que las escuelas son seguras y hospitalarias para todos, incluyendo personas que tienden a verse socialmente excluidas o desaventajadas.

El fortalecimiento de los vínculos dentro de la comunidad, especialmente la relación entre profesores, estudiantes, padres y la sociedad en general, es fundamental para desarrollar y respaldar entornos de aprendizaje inclusivos.

 5. Cerrar la brecha entre ricos y pobres

La educación pública de calidad para todos, puede ser un potente motor para una mayor igualdad.

Los gobiernos pueden librar a las familias del coste de la educación de calidad, con un impacto inmediato en la brecha de ingresos entre ricos y pobres, ya que la compensación es proporcionalmente mucho mayor para las familias de bajos ingresos. De hecho, el valor económico de la educación pública excede a menudo los ingresos totales de las familias más pobres, por un amplio margen. Por ejemplo, en Colombia, una madre soltera con dos hijos en la escuela primaria, el gasto público de la escolarización de sus hijos es tres veces mayor que sus ingresos familiares.

Aparte de este impulso directo a los ingresos, la educación de calidad promueve la igualdad reduciendo la pobreza, ya que la educación de calidad aumenta las probabilidades de mayores ingresos y menor pobreza. Se calcula que la pobreza extrema puede reducirse a la mitad si se lograra la educación primaria y secundaria universal. La UNESCO calcula que cada año de escolarización aumenta los ingresos en un 10% para los hombres de 16 años, y hasta un 20% para las mujeres. La movilidad social, es decir, la posibilidad de que los niños de familias pobres acaben mejor situados que sus padres, está íntimamente vinculada a la disponibilidad de educación. 

Autores: Luis Eduardo Pérez Murcia, Vernor Muñoz

Fuentes de las citas: Informes de situación de EASG, informe de Oxfam “El poder de la educación para luchar contra la desigualdad”, Muñoz, Vernor. Informe del Reportador Especial sobre el derecho a la educación. A/65/162 23, párrs. 8, 19, 21, 22, 2010.

Programa de Victoria Derbyshire que recreó una lección de relaciones con una historia sobre una chica con dos padres masculinos que condujo a unas protestas:  https://www.bbc.co.uk/iplayer/episode/m00084st/victoria-derbyshire-02092019



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